Puñetazos y tiros: las chicas son guerreras

Existe actualmente una fuerte tendencia a crear heroínas femeninas que saben ‘dar caña’. La figura de la damisela en apuros ya no funciona en nuestra sociedad, y el cine y la televisión se han dado cuenta de ello. Ahora, los personajes femeninos empuñan katanas, portan pistolas y lanzan flechas, además de regalar unos cuantos puñetazos sin despeinarse.

El hecho de que se haya roto con la tradición de la mujer que tiene que ser rescatada es un punto positivo para la representación femenina y para la lucha por la igualdad de género. Pero no nos engañemos. No porque un personaje femenino lleve una semiautomática y luche contra zombies estamos hablando de independencia o liberación.

Las verdaderas luchadoras y las mujeres objeto

Buffy Cazavampiros (Joss Whedon, 1997)

Con mayor frecuencia, nos encontramos con la muchacha que decide rechazar el rol de sexo débil que le ha sido atribuido tradicionalmente por la sociedad y asume las características de un guerrero para conseguir una meta. Tenemos ejemplos buenos de este tipo de personaje, como pueden ser Buffy Summers en Buffy Cazavampiros (Joss Whedon, 1997) o Sarah Connor en Terminator:The Sarah Connor’s Chronicles (Josh Friedman, 2008), los cuales dan atributos tradicionalmente masculinos a las protagonistas, pero que en ningún momento las privan de su carácter femenino. Se trata así de mujeres fuertes e independientes que luchan por sí mismas y por sus seres queridos.

Sin embargo, no todas las heroínas armadas disfrutan de una buena construcción por parte de sus creadores. En muchas ocasiones, este tipo de personaje femenino se convierte bien en un objeto sexual (Sucker-Punch, Zach Snyder, 2011) o bien en una falsa mujer liberada (Blancanieves y la Leyenda del Cazador, Rupert Sanders, 2012).

La mujer guerrera como objeto sexual es quizá el prototipo de personaje más recurrido. En Sucker-Punch, Snyder nos presenta un grupo de mujeres jóvenes que utilizan sus ‘encantos femeninos’ para luchar contra sus captores, imaginándose situaciones fantásticas en las que sus enemigos son soldados de la II Guerra Mundial, dragones o robots. Dejando a un lado el intento (y estrepitoso fracaso) de Snyder por crear una narración innovadora y que induzca a la reflexión al estilo de Inception (Christopher Nolan, 2010) o El Club de la Lucha (David Fincher, 1999), los personajes femeninos son retratados como muchachas ingenuas con aspecto de ‘Lolita’ que sirven para atraer al espectador masculino y para intentar engañar al público femenino con unas jovencitas guerreras oprimidas por el hombre.

Fotograma de Sucker-Punch. (Zach Snyder, 2011)

Desafortunadamente, Sucker-Punch no es el único ejemplo de esta tendencia. Nos encontramos también el personaje de Mikaela (Transformers, Michael Bay, 2007) o Lara Croft (Lara Croft: Tomb Raider, Simon West, 2001), una versión femenina de Indiana Jones interpretada por Angelina Jolie, donde la cámara más de una vez se centra en el cuerpo de la protagonista que en el argumento a contar.

Es necesario destacar que esta idea de mujer guerrera y convertida en objeto sexual ha anidado de forma casi irreversible en el mundo de los videojuegos, el cual cada vez tiene más influencia en Hollywood y donde podemos encontrar alarmantes ejemplos, entre ellos, Bayonetta (Hideki Kamiya, 2009).

Sin embargo, no podemos confundirnos. La premisa no es que el personaje femenino no tenga sexualidad (las mujeres son tan sexuales como los hombres), sino que no sea explotado por ello para atraer al público masculino.

La falsa mujer liberada

La segunda corriente de la mujer guerrera mencionada anteriormente es la de la falsa mujer liberada. Este personaje es, en apariencia, una mujer guerrera independiente, pero a la hora de enfrentarse a sus enemigos, sigue siendo en resumidas cuentas la damisela en apuros. Blancanieves y la Leyenda del Cazador es uno de los ejemplos más recientes. Sanders intenta vender una Blancanieves que no quiere esperar a ser rescatada y que busca enfrentarse a su madrastra abusiva. Sin embargo, y a pesar de llevar armadura y espada, el personaje no hace mucho por su cuenta y se ve rescatado una y otra vez por los personajes masculinos a su alrededor. De lo que sí que disfruta el personaje de Blancanieves (además de una frustrante inexpresión), es de un carácter de muchacha mágica, perfecta y pura que encandila y ‘rescata’ a los personajes masculinos de sus problemas internos. Al fin y al cabo, una representación barata y manida de un hada o un ángel.

Fotograma de “Blancanieves y la Leyenda del Cazador” (Rupert Sanders, 2012)

Podemos mencionar muchos otros ejemplos, como la figura de Charlie en el piloto de Revolution (Eric Kripke, 2012). Esta serie (cuya premisa es la de un mundo en el que la electricidad deja de funcionar) tiene como protagonista a Charlie, una muchacha que se ha criado en un mundo post-apocalíptico y que se nos presenta como independiente y fuerte (recordando bastante al personaje de Katniss en Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins). Sin embargo, a medida que avanza el primer episodio, Charlie se encuentra dos veces en una tesitura en la que peligra su vida y en vez de tomar las riendas de la situación, es rescatada en ambas ocasiones por un muchacho conocido como Nate, quien tiene todas las papeletas de ser su interés amoroso… además de su enemigo, algo que apuesta claramente por la originalidad. Nótese la ironía.

La guerrera real

Siguiendo la teoría expuesta por Laura Mulvey, esta necesidad del personaje femenino guerrero proviene más de una teoría falocéntrica (es decir, un mundo dominado por el hombre en el que los únicos personajes femeninos que toman las riendas de su vida son aquellos con atributos masculinos) que de un avance progresista en la representación de la mujer. Actualmente es muy complicado crear personajes redondos y bien elaborados, ya sea por presiones de la productora, por intereses económicos, o por una patente falta de compromiso por parte de los guionistas. Sin embargo, los personajes que más se ven afectados por esta circunstancia parecen ser los femeninos.

Es un magnífico paso el romper con la tradición del sexo débil que debe ser rescatado, pero no es suficiente darle un arma a una mujer para que luche contra sus enemigos. El personaje debe tener independencia, fortaleza psicológica y no ser explotado por su género.

Al contrario que la creencia existente en la ficción audiovisual, un personaje femenino bien construido es igual de atrayente y poderoso que uno masculino. Lo único que hace falta es interés por parte de la industria para poder llevarlo a cabo.

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2 Respuestas a “Puñetazos y tiros: las chicas son guerreras

  1. Muchísimas gracias por el comentario, Damián. Voy a intentar responderte lo mejor que pueda.

    Primero que nada, la comparación de Sucker-Punch con Inception tiene más que ver con la estructura narrativa (un sueño dentro de un sueño o una realidad dentro de otra) que ambas películas intentan retratar, pero que en Sucker-Punch no hace más que liar bastante al espectador. Es un detalle en el que me fijé porque soy muy fan de las películas de Christopher Nolan y Sucker-Punch me recordó bastante en cuando a ese apartado argumental.

    En cuanto a tu pregunta del Test de Bechdel, es muy posible que las películas que he utilizado de ejemplo lo aprueben (por los pelos, pero seguramente lo aprobarían). Lo que ocurre realmente es que el Test de Bechdel no evalúa una película por feminista, sino (por ponerlo de forma muy cruda) por la cantidad de personajes femeninos y sus conversaciones.

    Es muy probable que en Sucker-Punch, cuyo reparto es mayoritariamente femenino, haya una conversación entre dos protagonistas que no verse sobre un personaje masculino (por ejemplo, cuando el personaje de Rocket le cuenta a Babydoll la historia de cómo ella y su hermana acabaron en aquel instituto/prostíbulo). Sin embargo, eso no convierte a la película en feminista, ni en una representación digna de la mujer.

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