En busca del príncipe azul

Cuando una es niña y ve por primera vez ‘Blancanieves y los siete enanitos’ no se replantea cuál era el contexto histórico de la época y por qué esa princesa es cómo es. Lo mismo ocurre cuando esa misma pequeña, fascinada por las películas de la factoría Disney, devora una y otra vez ‘La Cenicienta’ o ‘La Bella Durmiente’. A la tierna edad de seis u ocho años una niña tan solo piensa en lo guapa que es esa princesa o aquella, en qué bonito es su largo y pomposo vestido de colores pastel o en qué apuesto es este príncipe o el otro. Y así se quedan: inmóviles, sentadas en el sofá y obnubiladas ante una preciosa y perfecta historia de amor. Pensando en que, de un momento a otro, el príncipe azul llegará para a devolverlas su zapato. O para darlas un beso que las despertará de un sueño eterno.

Un gran número de cuentos (al margen de Disney) narra la misma historia una y otra vez. La del príncipe que rescata a la princesa; ya sea luchando contra brujas, dragones y madrastras, o trepando por la pared del castillo a través de una trenza gigante. Y ahí no queda la cosa. Tras ser rescatadas la tradición dice que la princesa y el príncipe entablaran matrimonio, se irán a vivir a un castillo y vivirán felices y comerán perdices. Lo triste es que, incluso en la etapa adulta, esas pautas se convierten en aspiraciones: las princesas se pasan la vida en busca de un príncipe azul (por supuesto apuesto, valiente y adinerado) que las rescate de las adversidades para posteriormente casarse, adentrarse en una hipoteca impagable y comer perdices (el sueldo da para poco más tras pagar la hipoteca).

Sin embargo, en algunas ocasiones las princesas se dan cuenta de que los papeles se han invertido y resulta que son ellas las que tienen que rescatar al príncipe (curioso cuanto menos según la lógica de los cuentos), que suele ser pobre y encima se parece más a un sapo que a un caballero andante. Pero así es el amor: por lo general no entiende de cuentas bancarias, de valentía o atractivo. Por último, las mujeres también se percatan de que no tiene que haber un príncipe necesariamente: la soltería es una opción tan factible como cualquier otra. Entonces ¿cómo es posible que estas cintas dejen tantas secuelas en las mujeres?

Los guionistas de la serie ‘Sexo en Nueva York’ atribuyeron a la pluma de Carrie Bradshaw la siguiente afirmación: “creo que los cuentos de hadas son dañinos para la salud mental de las mujeres y deberían ser prohibidos”. Empiezo a pensar que tenían razón.

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2 Respuestas a “En busca del príncipe azul

    • Parece ser que los tiempos cambian y, con los tiempos, los roles establecidos en las relaciones de pareja. Muchas gracias por tu comentario Ainhoa, creo que eres la primera lectora que deja su huella en Género Neutro =)

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