“Dime que me quieres”. La mujer en el amor de pareja

Aquél que dijo que sólo merecía la pena escribir sobre amor o muerte estaba recogiendo una tendencia histórica que ha demostrado ser aplicable al resto de formatos narrativos. No en vano, uno de los temas más empleados, por activa y por pasiva, ya sea como argumento principal o como subagurmento secundario -pero nunca terciario-, en toda la historia del cine ha sido y es el amor, escenificado a partir de una pareja heterosexual en la mayoría de los casos. Tal afirmación puede ser alabada por la estadística: (LEMA TRILLA, Eva Victoria, Los modelos de género masculino y femenino en el cine de Hollywood, 1990-2000, Madrid 2003, p. 147), “En una muestra de cien películas de Hollywood, David Bordwell descubrió que noventa y cinco de ellas contenían un elemento romántico y que en no menos de ochenta y cinco, el romance era la línea principal de acción. Las narraciones románticas se interesan o se refieren de forma casi invariable a los obstáculos encontrados en el camino a la realización de su objetivo (…). En occidente la fantasía acerca del romance es un fenómeno relativamente reciente, y que hasta entrado el siglo estaba destinado con frecuencia a grupos sociales privilegiados. Sólo en el siglo veinte se extendió a la cultura de masas, sobre todo en el cine y en la música popular, y de ese modo se trasladó el mito del romance a todas las clases sociales”.

En 1896 se estrenó el mayor éxito de la Edison Film Corporation “El Beso”, catalogada como la primera película erótica de la historia

Para el presente artículo se ha querido analizar la construcción de las relaciones de pareja en el cine, con especial hincapié en el papel que adopta la mujer, a través de tres películas de diferentes décadas y periodos históricos: “Ciudad Mágica”(1947, William A. Wellman), “Cuando Harry encontró a Sally” (1989, Rob Reiner) y “Eternamente comprometidos” (2012, Rob Reiner). Las dos últimas son una explícita reflexión sobre el amor, mientras que en la primera, el leitmotiv convive con otras tramas, como la amorosa, que orbitan en torno a aquél. Las tres, no obstante, pueden ser clasificadas en la (algunas veces) vaga etiqueta de género de comedia romántica, donde sin duda más se explota las cuestiones amatorias.

Ciudad Mágica” es una película creada y ambientada en la segunda posguerra estadounidense. En 1869 Wyoming fue el primer estado de ese país en otorgar el derecho de voto femenino, y en 1917 Jeanette Rankin fue la primera mujer elegida para ocupar uno de los asientos del Congreso de los Estados Unidos, justo un año antes de que el Reino Unido institucionalizara el sufragio femenino, a condición de que fueran mayores de 30 años. 1947, año del estreno de la cinta, no quedaba tan lejos de todo aquello, aunque cierto es que la mujer había desempeñado un papel de cierta relevancia en la retarguardia, con aquella propaganda que la instaba a trabajar en las fábricas de armamento como el acto más patriótico que pudieran realizar.

Merece la pena señalar dos comentarios de la película que ponen de relieve las preocupaciones concernientes a la mujer a finales de la década de los cuarenta. “¿Creen que un marido debe llevarle el sobre con el sueldo a su mujer?” pregunta una señora cuando el pequeño pueblo de Grandview se convierte en atracción turística del país, a lo que la repregutan: “¿Para quién trabaja?”, y ella aclara, “Para nadie, sólo es curiosidad”. En otro momento, un locutor radiofónico apunta que un 79% de los habitantes de ese lugar votaría a una mujer para ser presidente de los EE.UU., algo que los expertos ven ridículo.Y en efecto, los sondeos de Grandview estaban profundamente equivocados, como después se hace saber.

Por todo ello debió de resultar novedoso y llamativo el papel de Jane Wyman: una mujer culta, independiente económicamente gracias a un trabajo intelectual y concienciada socialmente, tomando la bandera del progreso en el campo educativo de un pequeño pueblo de los Estados Unidos, aunando el viejo y noble, aunque ya casi desusado, binomio de periodismo/denuncia social.

La pareja potencial de Wyman es el papel interpretado por James Stewart. Los modos de acercarse el uno al otro son harto diferentes. En un primer momento, ella relaciona a Stewart con una sospecha de algo desconocido pero muy seguramente pernicioso; algo que amenaza su plan de establecer en el pueblo una escuela de educación superior; un sujeto al que investigar, descubrir y denunciar. Lo que le hará abandonar estos recelos será su buena relación con los niños canalizada a través del deporte, que funcionará como una verdadera y definitiva catarsis. El deporte, cuando se traduce en triunfos, es legitimador de la más alta heroicidad. Como dato anexo, Wyman resulta ser una patosa para la actividad física, y la reunión para celebrar el baile de la escuela está compuesta exclusivamente por mujeres. Es aquí, una vez que el deporte ha despejado toda duda, cuando los escrúpulos iniciales de Wyman se transforman en admiración para terminar en amor.

El personaje de James Stewart intenta camelarse al de Jane Wyman para evitar ser descubierto

Por su parte, Stewart ve en ella un peligro para llevar a cabo su plan (realizar estadísticas en una pequeña ciudad cuyos resultados se puedan extrapolar al resto de la nación) en el pueblo de tan elocuente nombre para sus propósitos , Grandview. Él viaja por tanto desde el interés exo-amoroso al interés intra-amoroso, pero está exento de la fase de admiración, como ocurre en ella. Wyman, pese a ser la que prácticamente saca adelante un periódico y ser la principal impulsora de la educación en la ciudad, no merece ningún tipo de reconocimiento por parte de él.

La relación que se intuye surgir -porque la película no se recrea en ello- posee ciertas reminiscencias freudianas. El proyecto educativo que intenta desarrollar Wyman es un legado de las luchas pasadas de su padre, ya fallecido. El periódico también lo fundó él. Pero a su muerte, “él sigue siendo el redactor jefe, de alguna manera él sigue dirigiéndolo” tal y como dijo su viuda y madre de aquélla. Aunque son ellas dos, madre e hija, la responsables de que salgan las ediciones todos los días, en realidad el dueño de la empresa es un hombre desconocido, propietario de una cadena de hoteles, un tal Ben Moody, que nunca aparece en la película. ¿Y dónde creen que ha podido reencarnarse (en el sentido más occidental de la palabra) el magnánimo progenitor? Sí, en Stewart: “Tienes la misma voz que él, hasta los gestos. Eres como un clavo”, le dicen en varias ocasiones. Wyman va más allá, y le llega a confesar, mientras admiran las bellas vistas de la ciudad desde una cercana colina, “te presentarás para alcalde, y probablemente yo votaré por ti”.

Cuando Harry encontró a Sally” se estrenó con las principales luchas feministas concluidas o pausadas. Como se ha adelantado antes, es un ensayo manifiesto sobre lo complejo e insondable de las leyes -si existen- que rigen las relaciones amorosas. Escapa al género (contrariamente a lo que le ocurre a “Eternamente comprometidos”) acercándose a los modos narrativos woodyallianos, pero subrayando el relativismo más que el azar.

Ambos personajes, el femenino (Meg Ryan) y el masculino (Billy Crystal), no son planos, sino que demuestran una evolución psicológica que acaba desenbocando en el enamoramiento, casi como único palo que les queda por tocar, pues previamente han pasado su fase de odio (principal cebo de la película por su exostismo) y su fase de amistad. Son numerosas las ocasiones en las que los diálogos plantean bajo el disfraz de la comicidad profundas reflexiones sobre el amor de pareja. Por ejemplo, cuando Billy Crystal se enoja porque Meg Ryan no resulta afectada anímicamente por la ruptura con su pareja de varios años. Crystal, aunque mantenga relaciones sexuales con otras mujeres, no se puede quitar de la cabeza a su ex esposa. Al final no puede soportar que le traten como él siempre ha tratado a sus conquistas. Toda esta complejidad que paradójicamente termina dando luz al entedimiento se debe en buena medida al excelente guión de Nora Ephron, que sólo se quedó con la nominación, pues el Óscar se lo llevó Tom Shulman por “El Club de los Poetas Muertos”.

 

Sally no termina de entender cómo sin haber olvidado a su mujer Harry puede acostarse con otras mujeres

Los temas relativos a la profesión aparecen de soslayado; no tienen apenas relevancia, ni se van a interponer entre ellos, como sí sucede en “Ciudad Mágica” y, sobre todo, en “Eternamente Comprometidos”. No hay más obstáculos que la filosofía de vida en general, y de pareja en particular, de cada uno. Sólo se sabe que ella es periodista -curiosamente como Wyman en “Ciudad Mágica”-, y el asesor político, pero nunca les vemos desempeñando tales labores.

Eternamente Comprometidos” es una película plenamente de género. Se acerca peligrosamente a las formas y contenidos del telefilme vespertino (me abstengo de nombrar cadenas). Sin embargo, siguiendo las cuatro grandes características del romance que Steve Neale señaló allá en 1992 en su artículo “The Big
Romance or something Wild: Romantica Comedy Today”, comprobamos que el género ha sufrido algunos cambios. Se mantienen los valores tradicionales, es decir, el matrimonio y la familia. No en vano, la película gira en torno a un matrimonio que se demora constantemente. Se da por sentado la necesidad del amor institucionalizado. ¿Por qué les produce tantos quebraderos de cabeza a Jason Seguel (actor masculino principal y coguionista junto al director Nicholas Stoller) y Emily Blunt cuando ambos gozan de una saludable vida de pareja?. En la cinta sí se dejan traslucir matrimonios bien avenidos aunque no del todo felices (por ejemplo los padre de él), pero nunca aparece pronunciada la palabra “divorcio” o “aborto”, cuando Suzie descubre estar encinta por accidente. Otro ejemplo de este elemento tradicional lo encontramos en la boda de sus amigos interpretados por Chris Patt y Alison Brie respectivamente, donde él le dedica una canción amorosa lo que provoca el llanto mal disimulado en ella.

 

Alex canta melosamente a Suzie el día de su boda. El acontecimiento fue motivado por el embarazo no deseado de ella.

Hay una ligera modificación en la característica descrita a partir de la película protagonizada por Kim Bassinger “Mi suegra es un alien” “por la que Celeste (Kim Basinger) encuentra la verdadera felicidad viviendo como un ama de casa corriente” (LEMA TRILLA, Eva Victoria, Los modelos de género masculino y femenino en el cine de Hollywood, 1990-2000, Madrid 2003, p. 149). En “Eternamente Comprometidos” se introduce el elemento de la profesión como principal fuente de problemas, en vez de otros temas más estrictamente familiares o personales (anteriores esposos o esposas, hijos o suegros que rechazan a la nueva pareja, etc.). Emily Blunt no se realiza sólo en el reducto doméstico, sino que muestra sus aspiraciones profesionales, que satisface con cierto éxito, si bien  descubrirá más tarde que fue producto de razones extraacadémicas. Todos estos elementos demuestran el serio intento de la película  por ser consecuente con la situación contemporánea.En esta línea se observa en la que podíamos calificar de comedia romántica contemporánea  que hay un nuevo tipo, el del calzonazos, que hace las veces de sufridor, rol que en otras ocasiones interpretó un personaje femenino: Jason Seguel se ve constreñido a sacrificar su prometedor trabajo de chef por amor. Por último, señalar que el componente de excentricidad o neurosis está en “Eternamente Comprometidos” muy poco esbozado, apenas como recurso humorístico que se sumerge en lo patético. Remítase a la escena de la persecución del jefe/profesor de Blunt por Segel.

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