Rescatando un clásico: ‘La tentación vive arriba’, el rol de la vecinita sexy

Muy pocos pondrían en duda que Marilyn Monroe es un icono del séptimo arte. Pero para icónica la escena de ‘La tentación vive arriba’ (‘The Seven Yeart Itch’,1955) en la que la despampanante fémina, caminando junto a Richard Sherman (interpretado por Tom Ewell) por las calles de Nueva York, se sitúa sobre una rejilla de ventilación del metro y su blanco e inmaculado vestido deja sus piernas al descubierto. De hecho, la elevación del vestido se produce dos veces y Marilyn  ni se inmuta tras el primer incidente, por aquello de que el aire es ‘refrescante’. Es cierto que la historia está contextualizada en un caluroso verano, pero también es cierto que el aire que sale por las rejillas de ventilación del suburbano suele ser más cálido que refrescante. No puedo evitar preguntarme si el film dirigido por Billy Wilder no estaría influido hasta las trancas por una sociedad previamente reprimida y obsesionada por el sexo y la sensualidad. Aquella escena, si bien mítica, parece más bien un reclamo forzado.

Fotograma de 'La tentación vive arriba' (1955)

Fotograma de ‘La tentación vive arriba’ (1955)

‘La tentación vive arriba’ es, a juicio de la que escribe, una comedia entretenida pero con un tratamiento de la mujer muy particular. Y es que Marilyn, la vecina del piso de arriba de Richard, es contradictoria como poco: es cándida, inocente, sensual y explosiva. De hecho, es más explosiva que nunca gracias a vestidos tan ajustados que la dejan casi sin respiración, que, combinados con unos voluminosos e intensos labios rojos construyen a una auténtica mujer fatal. A la par también es ingenua, pues la película no refleja a una mujer malvada ni maligna, pero quizá sí a una mujer un poco aprovechada. Como se observa,  Marilyn da vida a un personaje muy construido, ni blanco ni negro, sino con una escala de grises tremenda en su personalidad y carácter. Además, llama particularmente la atención que represente el rol de ‘la vecina’. Si no me equivoco tras el visionado de la cinta y la consulta de algunas fichas técnicas de la misma, Marilyn no tiene nombre, es simplemente ‘la chica’. Un craso error en la representación femenina en el celuloide.

INFIDELIDAD Y CASTILLOS EN EL AIRE

Durante el desarrollo de la película Marilyn y Tom se besan en diversas ocasiones, y Marilyn lo consiente aún a sabiendas de que él está casado y tiene un hijo. Quizá esto podría plantear una duda moral ¿está mal que Marilyn se vea con Tom, un hombre casado? Pero ¿quién tendrá más culpa, Marilyn que lo sabe o Tom, que será quien sea infiel a su mujer? Todo depende del punto de vista…

Por otra parte, cabe destacar que la relación ‘romántica’ de estos  vecinos se reduce a besos nada más, por tanto no es una infidelidad ‘de las grandes’. Pero todo se amplifica gracias a la enorme imaginación de Tom que llega a sentirse un desecho y una mala persona por pensar en lo que le está haciendo a Helen (Evelyn Keyes), su adorada mujer. Quizá eso no sea otra cosa que una forma de exculpar al protagonista masculino; ya que Marilyn no se siente mal por sus actos y Tom sí.

También es curioso que las inquietudes del protagonista masculino deriven en que imagine que su mujer –que está de vacaciones durante el mes de julio- también le está siendo infiel. Algo paradójico y contradictorio puesto que Helen es la esposa fiel y tonta que nunca sospechará de su marido. En está ocasión Wilder refleja un personaje blanco, muy simplón.

Marilyn Monroe en la ventana de la casa de Richard

Marilyn Monroe en la ventana de la casa de Richard

Sin embargo no podría terminar de cerrar este texto sin una mención especial hacía el rol de ‘la vecinita sexy’. Un rol reiterado a lo largo de la historia de la humanidad, en el que la mujer adquiere una representación tan solamente sexual, reduciéndola a un mero físico explosivo. De este modo ¿es el rol de la vecina que deja sin respiración a los hombres una realidad? Humildemente diré que el roce hace el cariño y la convivencia muestra todas las facetas de las personas de un entorno, y es más probable ver al vecino en bata sacando la basura que ataviado con un traje de fiesta guapo e imponente (y viceversa en el caso de la vecina). Pero lo cortés no quita lo valiente y, sin duda, esta cinta es un clásico convertido en mito que narra una historia divertida con dos protagonistas de lujo. Es más, Richard está como una auténtica cabra, lo que le da un tono a la historia cuanto menos cómico y agradable. Sin embargo, me permitiré el lujo de plantearle una pregunta al lector  ¿ha progresado el cine desde 1955 en este tipo de representación femenina?

Marilyn Monroe y Tom Ewell

Marilyn Monroe y Tom Ewell

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