Sí quiero

“Es lo bueno que tienen las pelis, que acaban cuando el chico y la chica se han dicho que sí. Que quieren estar juntos”. Esta frase pertenece a un corto de Kike Maíllo llamado ‘Los perros de Pavlov’. Debo confesar que la primera vez que la escuché me impactó tanto que me hizo reflexionar durante días y días. Os dejo un link al corto por si queréis echarle un vistazo: http://www.youtube.com/watch?v=qrPCptOVYX8

El hecho de que las pelis acaben cuando el chico y la chica se han dicho que sí quizá sea la razón por la que dicen que el cine es mágico. Probablemente también sea la razón por la cual usted, mi querido lector, esté delante de este texto, una modesta columna en un blog que analiza el papel de la mujer en la ficción audiovisual. Quizá también sea la razón por la que existan amantes del séptimo arte, al menos una de ellas.

¿Y por qué “Es lo bueno que tienen las pelis, que acaban cuando el chico y la chica se han dicho que sí” es la razón de tantas cosas? La respuesta es muy sencilla: que una cinta concluya con el inicio de una historia de amor implica que no existe final para ese idilio romántico. Implica que esa historia es infinita, a no ser que el director de turno contrataque con una nueva entrega. Implica que el cine es una vía de escape de la realidad, algo que nos permite sumergirnos en un mundo, real o imaginario, diferente al que los seres humanos conocemos en nuestro día a día. Aunque sea por dos horas u hora y media, la duración del producto audiovisual en cuestión.

Por eso, que la chica y el chico se digan sí y se acabó la historia significa mucho más: significa sueños para el espectador, ilusiones e hipótesis sobre qué habrá pasado después de que el príncipe y la princesa fueran felices y comieran perdices. Y a colación de aquella magnifica frase hecha con la que acaban tantos cuentos infantiles, de nuevo confieso que, los términos príncipe y princesa, a pesar de que me encantan, a veces no me parecen para nada acertados. La diseñadora Agatha Ruiz de la Prada creó un nuevo término para una de sus campañas publicitarias: principesa, jugando con las palabras príncipe y princesa. Y este término me parece de lo más acertado: porque aunque la más pasional e intensa historia de amor concluya con un sí,  con un sí quiero, con un beso, e incluso con una confesión de amor; el principeso y la principesa no tienen que adoptar un rol establecido necesariamente. Y parece que el cine y la televisión cada día se dan más cuenta de esta cuestión: porque la princesa Mérida de ‘Brave’ y Fiona son auténticas heroínas y no princesas impotentes que esperan a que su príncipe les rescate. Y no por eso Fiona se olvida de su principeso, Shrek. Porque hemos visto mil veces llorar a Luisma por Paz en ‘Aída’. O a Ross por Rachel en ‘Friends’. Porque no son ellas siempre las que lloran. Porque también hemos visto a Megan y Lily pelearse por el vecino guaperas en ‘Sobreviviendo a los ricos’ ya que la realidad no siempre es un duelo entre caballeros que se debaten por una mujer.

Precisamente por todos los motivos señalados anteriormente escribo esta entrada: para celebrar que los roles cambian y los medios audiovisuales, aunque sea poquito a poquito y con calzador, lo reflejan. Y para celebrar que las pelis acaban cuando el chico y la chica se han dicho que sí. Para celebrar que el ser humano aún puede seguir soñando.

Ross y Rachel en Friends

Ross y Rachel en Friends

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