“Infiltrados” y la mujer florero

Por CarrieCandice
(Cinefagia de Sociedades)

Captura de la película

Captura de la película

Infiltrados (2006) es una película que encanta.

No solamente porque la acción transcurre en un sin parar, de tal forma que los 151 minutos del film pasan como si fuesen 30, sino que a través de ella se dibujan unas simetrías entre ambos protagonistas, Matt Damon y Leonardo DiCaprio que divierte ir descubriendo.

Los dos, en sus respectivos ambientes y actuando como topos siguiendo el más intenso significado de la palabra rata, fluyen en una misma línea: salen de la academia de policías al mismo tiempo, se enfrentan a la entrevista en el mismo lugar y uno detrás de otro, se convierten en topos del bando contrario aprovechando -o siendo obligados por- coincidencias similares, conocen la misma chica con la que establecen una relación simultáneamente, e incluso, es en el mismo instante (en el asalto final por parte de la cuadrilla de Jack Nicholson) cuando ambos se flexibilizan en su función de topo (DiCaprio advierte a Nicholson que quizás le esté esperando la policía y Damon decide traicionar a su cuadrilla de gánsters a favor de los agentes). Los paralelismos también se hallan en la forma de terminar ambos: con un tiro en la cabeza por parte de alguien del bando contrario.

De esta forma, esta película de Scorsese deja entrever cierta crítica al american dream que todos conocemos. Tanto DiCaprio como Damon tienen un buen expediente, sin embargo, la procedencia o el entorno (conocido, destacando  esto) del uno y del otro condiciona su destino. Así pues, no todos tenemos las mismas oportunidades. O, dicho de otra forma, nuestro esfuerzo no es suficiente para triunfar. Por mucho que hayamos crecido en el país del “sueña, esfuérzate y conseguirás lo que quieras”, ser hijo/a de quien eres condicionará, sin remedio, tu futuro.

Aún así, Scorsese parece solucionar ese “fallo” no dándole un final feliz al personaje de Damon.

Matt Damon en Infiltrados

Matt Damon en Infiltrados

Sin embargo, este final no feliz para Damon, como ha sido precedido de un final tampoco feliz para DiCaprio, sabe a poco. No es reconfortante para el/la espectador/a.

Y aquí es donde entra en juego el personaje femenino.

Si la película, como hemos dicho anteriormente, impacta y engancha en cuando a trama, ya no lo es tanto si la analizamos desde la perspectiva de género.

Nos encontramos, en un compendio de tropecientos hombres, con una sola mujer (la cual, evidentemente ejerce una profesión feminizada, dado que esperar encontrarnos una mujer en la policía o en el FBI parece ser que es pedir demasiado) que actúa enteramente como mujer florero. O, más bien, con las típicas funciones de mujer florero:

Obviamente sirve para que ambos entablen una relación con ella porque ya sabemos que las mujeres en las películas tan sólo existen para ser amadas. Pero no solamente eso, sino que a lo largo de toda la película, la mujer adopta el camino más pasivo que se podría tomar. No hace absolutamente nada. Podría ser la amante de ellos pero apropiarse un poco de la acción. Pero no. Nada. A excepción de quitarle la ropa a DiCaprio o montarle un numerito histérico a Damon. Incluso la escena en la que, supuestamente, le envía el sobre (por mandado explícito de DiCaprio) a Mark Wahlberg se elimina, dejándolo al entendimiento de quien esté disfrutando la película.

Pero, esta mujer florero, en realidad tiene un cometido. Es un florero con moralidad. Un florero funcional más allá de hacer bonito. Y por ello hemos dicho que “aquí entra en juego el personaje femenino” al referirnos a la sensación de confort que se siente -o no- llegados a cierto punto en el film.

En una película donde los hombres (que tienen y ejercen el poder y, por tanto, la acción de la trama) actúan (ya sean polis o cacos) con relevantes tintes de inmoralidad: eternas alusiones a la palabra y significado de “rata”, la utilización de personas como cebos, el “aguanta un poco más” con todo el peligro que ello comporta al topo, etc. se construye un (único) personaje femenino que se planta como mera observadora y que, cuando tiene que actuar, su función es la crítica. ¿Nos suena a algo o a alguien?

Dicho de otra forma, el personaje de Vera Farmiga, con el enfado hacia Damon y las lágrimas derramadas por DiCaprio, ejerce de justicia. Es el único momento en que el público se siente desosegado por el trágico final de DiCaprio. El único momento en que sentimos que ha habido justicia: al menos ella le ama a él y no a ti, cabronazo.

Con todo, esto no es suficiente: el público “ordinario” se queda un poco tocado porque la justicia que se imparte es meramente moral, sin plasmarse en cuestiones jurídicas (que es lo que hubiese hecho una verdadera Themis) o de hecho (que Tarantino le dé clases de género a Scorsese, por favor), y el público con las gafas de género puestas y funcionando, igualmente siente decepcióncon el personaje de Farmiga por las mismas razones, es decir, porque, por muy justiciera que sea a nivel moral, es un auténtico florero a nivel de acción y, por ende, de consecuencias materiales.

Scorsese introduce otro elemento para restar ese mal sabor de boca. Como en todas estas películas de final amargo donde el héroe muere, ella se queda embarazada. Por lo que podemos soñar con que el hijo será de DiCaprio y algo bonito de ello saldrá cuando la mamá le explique al hijo quién era su papá. Claro está, que para que no sea demasiado empalagoso, se nos queda la duda de si el hijo es de Damon o de DiCaprio¹.

En definitiva, Scorsese termina dibujando una película mucho más realista de lo que él mismo podría haber previsto:

Vera Farmiga en Infiltrados

Vera Farmiga en Infiltrados

Frente a una mera Themis observadora que sujeta (y sólo sujeta) la balanza de la justicia moral (y sólo moral), toda una sarta de hombres deciden y ejecutan a sus anchas. 

¹Si bien a Damon le ponen problemas de erección pensando de forma muy meditada en determinar al público para que que piense que el hijo es de DiCaprio.

Imágenes propiedad de la Warner Bros.

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